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dimecres, 28 de desembre del 2011

Paralelismos: "Revolución francesa", "Toma la calle"

Cada vez que explico a mis alumnos la Revolución Francesa, me doy cuenta de las analogías entre la época prerrevolucionaria y la actual. Se consideraba como causa de la Revolución la tremenda desigualdad y el descontento que ésta producía, curiosamente observo que esta causa ha desaparecido de los manuales, supongo que para no dar ideas. Probablemente Hessel haya pensado lo mismo y por eso haya escrito su “Indignados”


Veamos el paralelismo:

Período anterior a la Revolución Francesa: Grupos privilegiados: Nobleza y Clero
Momento actual: Casta política y miembros de corporaciones

RF: Cambio del capitalismo comercial al industrial
Ahora: Cambio del capitalismo industrial al financiero especulativo

RF: Solo paga impuestos el Tercer Estado
Ahora: Recaen mayoritariamente sobre el trabajo

RF: Los ministro eran nobles hasta que llegó la crisis y fue nombrado Necker, banquero,"pragmático" ministro de finanzas.
Ahora: Los ministros eran políticos hasta que llegó la crisis, ahora tecnócratas, pragmáticos.

RF: Necker emprende reformas
Ahora: los tecnócratas realizan recortes

RF: Para ganar credibilidad se detalla el financiamiento de las cuentas reales
Ahora: Se hacen públicas las cuentas de la corona (crisis de instituciones en ambos casos)

RF: Trata de reducir gastos
Ahora: Austeridad.

RF: Al tercer estado no le pueden sacar más y los nobles no pagan
Ahora: Lo mismo. Se trata de sacar más a quienes menos tienen.

RF: La conflictividad sube con el precio del trigo, escasez de alimentos para los que menos tienen.
Ahora: La conflictividad sube con los recortes.

RF: Círculos esotéricos.
Ahora: Esoterismo de los mercados.

RF: El pueblo era el 96%. Concentración extrema de la riqueza.
Ahora: El lema es, somos el 99%. La desigualdad está alcanzando cotas impensables en otra época.

RF: Para mejorar la representatividad, pedían el voto por cabeza, en lugar de por estamento.
Ahora: Hay descontento con la representatividad y el sistema electoral. “No nos representan”.

RF: Corrupción, venalidad de los cargos
Ahora: Paso de políticos a corporaciones y de representantes de lobbys al gobierno.

RF. Las ideas revolucionarias surgen en Europa y llegan a EEU, plasmándose en la primera constitución.
Ahora. Los indignados surgen a orillas del Mediterráneo y en EEUU dan lugar a Ocuppy Wall Street

RF: “Engagés”
Ahora: “Indignados”

RF: Panfleto: “¿Qué es el Tercer Estado?”. Autor: Sieyes.
Ahora: Panfleto: “Indignaos”. Autor: Hessel

RF: Libros y autores que sirvieron de soporte ideólogico : Montesquieu: “El espíritu de la leyes”, Rousseau. “El contrato social”, Voltaire.
Ahora: Naomi Klein: “No logo”, “La doctrina del shock”. Barbara hendrich: “Sonríe o muere”. Viviane Forrester: Una extraña dictadura; Jean Ziegler “Los nuevos amos del mundo”, Noam Chomsky.

RF: Cuadernos de quejas (Cahiers de redoute)
Ahora: Actuable, Avaaz

RF: ¡TOMAR LA BASTILLA!
Ahora: ¡TOMA LA CALLE!

Ángeles García Portela

dijous, 8 de desembre del 2011

El BCE, el ‘lobby’ de la banca

Para qué sirve un banco central? Una de las actividades que un Banco Central realiza en un país es imprimir dinero para, entre otras cosas, comprar la deuda pública de su Estado y con ello bajar los intereses que tenga que pagar su Estado para poder vender sus bonos públicos. De esta manera, cuando los mercados financieros quieren especular sobre el precio de tales bonos públicos (promoviendo en los medios de información, con ayuda de las agencias de calificación de riesgos como Standard & Poor’s, que los estados no podrán pagar los intereses de tales bonos, forzándoles a pagar unos intereses muy altos para poder vender sus bonos –lo que se llama prima de riesgo–), entonces el banco central hace funcionar sus imprentas y produce moneda con la cual comprar su deuda pública, defendiéndola frente a la especulación. Esto es lo que hace un banco central digno de su nombre. Ni que decir tiene que hay también riesgos en imprimir mucho dinero, porque, cuando hay mucha moneda, puede incrementarse la inflación. Pero la inflación en la eurozona no es un problema. Antes al contrario, es demasiado baja, dificultando el crecimiento económico, que es el mayor problema de esta comunidad monetaria.
El problema con la deuda pública de los países de la eurozona es que sus bancos centrales no pueden imprimir dinero ni tampoco pueden comprar su deuda pública. Los estados están totalmente desprotegidos. De ahí que todos (desde Grecia hasta Alemania) tienen o tendrán problemas con su deuda pública. El único banco central que puede imprimir dinero es el Banco Central Europeo (BCE). Pero el problema con este es que no actúa como un banco central, es decir, no compra los bonos públicos de los estados miembros, ni tampoco presta dinero a los estados. El famoso artículo 123 de su reglamento lo dice muy claro. El BCE no podrá comprar deuda pública de los estados. Estos no pueden hacer nada frente a la especulación de los mercados financieros.
Los que sí pueden pedir prestado dinero al BCE son los bancos privados, y lo pueden conseguir a unos intereses bajísimos, al 1,25%. En cambio, los estados tienen que pedir prestado dinero a los bancos, pagando unos intereses elevadísimos, incluso del 7%, como es el caso de Italia (en España es el 6,5%). Este arreglo es una bonanza para los bancos privados. Consiguen dinero fácilmente del BCE y con ello compran bonos públicos que les producen una rentabilidad del 6% o del 7% de lo que compran. El BCE actúa de esta manera, privilegiando a los bancos privados sobre los estados, transformándole en un lobby de la banca.
Como consecuencia de esta situación, los estados se tienen que endeudar más y más y deben mucho dinero a los bancos privados. Y ahí está la raíz del mal llamado problema de la deuda pública, que es incluso más acentuada en aquellos países como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, que habiendo estado gobernados por las derechas por la mayoría del periodo posterior a la II Guerra Mundial, tienen estados muy pobres (sus ingresos al Estado son muy bajos: España, por ejemplo, sólo representa un 34% del PIB, frente al 44% en el promedio de la UE-15 o el 52% en el caso de Suecia), resultado de unas políticas fiscales muy regresivas y de un enorme fraude fiscal (en España se calcula que alcanza unos 65.000 millones de euros).
La deuda pública de estos estados ha ido creciendo, no porque su gasto público haya ido creciendo (como los autores neoliberales erróneamente indican), sino porque han cambiado de banco. En lugar de conseguir dinero de su propio banco central, ahora tienen que pedir prestado dinero a los bancos privados. En realidad, si pudieran pedir prestado dinero al BCE a unos intereses de 1,25% (como los bancos privados), no habría ningún problema con su deuda pública. (Ver Ellen Brown, The European Central Bank withholds relief while Rome Burns). Y ahí está la raíz del problema. Se ha diseñado un sistema en la eurozona en el que los estados dependen de la banca privada para conseguir dinero. Y esta es una realidad que el lector raramente leerá en la prensa financiera o económica.
Los bancos se forran a costa del endeudamiento de los estados. Un círculo virtuoso para la banca. Pero la situación es incluso peor que la ya descrita, pues el BCE, al romper con el espíritu del famoso artículo 123, comprando deuda pública a estados como España e Italia, ha puesto como condición que los salarios y la protección social disminuyan, acentuando la necesidad de privatizar el Estado del bienestar, tanto sus transferencias públicas como las pensiones, así como los servicios públicos como la sanidad.
Estas condiciones están escritas en una carta, no conocida por el público, que el entonces gobernador del BCE, Jean-Claude Trichet, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escribieron al presidente Zapatero condicionando la compra de bonos públicos del Estado español a la toma de tales medidas por parte del Estado español.
Un tanto semejante ha ocurrido con Italia. ¿Por qué hacen tal petición en su carta? En teoría, esta reducción de los salarios y de la protección social se exige para aumentar la competitividad de la economía española y salir así de la recesión. Este es el argumento neoliberal hoy en boga. Es fácil de demostrar que este argumento carece de credibilidad. Suecia es el país con salarios más elevados y con mayor protección social, y su tasa de crecimiento económico es de un 5,6%, uno de los más elevados de la Unión Europea. La explicación real es que, por una parte, el descenso de los salarios aumenta el endeudamiento de la población (lo cual es bueno para la banca) y, por otra, la privatización de las transferencias y de los servicios del Estado del bienestar son la generalización de la deseada privatización de las pensiones públicas y la privatización de la sanidad, el sueño de la banca y de las compañías aseguradoras. Y lo están consiguiendo.


Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
(08/XII/2011 - Público)