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dijous, 26 de gener del 2012


Noticia de última hora: el dueño de Megaupload ha pedido ser juzgado en Valencia.

dijous, 8 de desembre del 2011

El BCE, el ‘lobby’ de la banca

Para qué sirve un banco central? Una de las actividades que un Banco Central realiza en un país es imprimir dinero para, entre otras cosas, comprar la deuda pública de su Estado y con ello bajar los intereses que tenga que pagar su Estado para poder vender sus bonos públicos. De esta manera, cuando los mercados financieros quieren especular sobre el precio de tales bonos públicos (promoviendo en los medios de información, con ayuda de las agencias de calificación de riesgos como Standard & Poor’s, que los estados no podrán pagar los intereses de tales bonos, forzándoles a pagar unos intereses muy altos para poder vender sus bonos –lo que se llama prima de riesgo–), entonces el banco central hace funcionar sus imprentas y produce moneda con la cual comprar su deuda pública, defendiéndola frente a la especulación. Esto es lo que hace un banco central digno de su nombre. Ni que decir tiene que hay también riesgos en imprimir mucho dinero, porque, cuando hay mucha moneda, puede incrementarse la inflación. Pero la inflación en la eurozona no es un problema. Antes al contrario, es demasiado baja, dificultando el crecimiento económico, que es el mayor problema de esta comunidad monetaria.
El problema con la deuda pública de los países de la eurozona es que sus bancos centrales no pueden imprimir dinero ni tampoco pueden comprar su deuda pública. Los estados están totalmente desprotegidos. De ahí que todos (desde Grecia hasta Alemania) tienen o tendrán problemas con su deuda pública. El único banco central que puede imprimir dinero es el Banco Central Europeo (BCE). Pero el problema con este es que no actúa como un banco central, es decir, no compra los bonos públicos de los estados miembros, ni tampoco presta dinero a los estados. El famoso artículo 123 de su reglamento lo dice muy claro. El BCE no podrá comprar deuda pública de los estados. Estos no pueden hacer nada frente a la especulación de los mercados financieros.
Los que sí pueden pedir prestado dinero al BCE son los bancos privados, y lo pueden conseguir a unos intereses bajísimos, al 1,25%. En cambio, los estados tienen que pedir prestado dinero a los bancos, pagando unos intereses elevadísimos, incluso del 7%, como es el caso de Italia (en España es el 6,5%). Este arreglo es una bonanza para los bancos privados. Consiguen dinero fácilmente del BCE y con ello compran bonos públicos que les producen una rentabilidad del 6% o del 7% de lo que compran. El BCE actúa de esta manera, privilegiando a los bancos privados sobre los estados, transformándole en un lobby de la banca.
Como consecuencia de esta situación, los estados se tienen que endeudar más y más y deben mucho dinero a los bancos privados. Y ahí está la raíz del mal llamado problema de la deuda pública, que es incluso más acentuada en aquellos países como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, que habiendo estado gobernados por las derechas por la mayoría del periodo posterior a la II Guerra Mundial, tienen estados muy pobres (sus ingresos al Estado son muy bajos: España, por ejemplo, sólo representa un 34% del PIB, frente al 44% en el promedio de la UE-15 o el 52% en el caso de Suecia), resultado de unas políticas fiscales muy regresivas y de un enorme fraude fiscal (en España se calcula que alcanza unos 65.000 millones de euros).
La deuda pública de estos estados ha ido creciendo, no porque su gasto público haya ido creciendo (como los autores neoliberales erróneamente indican), sino porque han cambiado de banco. En lugar de conseguir dinero de su propio banco central, ahora tienen que pedir prestado dinero a los bancos privados. En realidad, si pudieran pedir prestado dinero al BCE a unos intereses de 1,25% (como los bancos privados), no habría ningún problema con su deuda pública. (Ver Ellen Brown, The European Central Bank withholds relief while Rome Burns). Y ahí está la raíz del problema. Se ha diseñado un sistema en la eurozona en el que los estados dependen de la banca privada para conseguir dinero. Y esta es una realidad que el lector raramente leerá en la prensa financiera o económica.
Los bancos se forran a costa del endeudamiento de los estados. Un círculo virtuoso para la banca. Pero la situación es incluso peor que la ya descrita, pues el BCE, al romper con el espíritu del famoso artículo 123, comprando deuda pública a estados como España e Italia, ha puesto como condición que los salarios y la protección social disminuyan, acentuando la necesidad de privatizar el Estado del bienestar, tanto sus transferencias públicas como las pensiones, así como los servicios públicos como la sanidad.
Estas condiciones están escritas en una carta, no conocida por el público, que el entonces gobernador del BCE, Jean-Claude Trichet, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escribieron al presidente Zapatero condicionando la compra de bonos públicos del Estado español a la toma de tales medidas por parte del Estado español.
Un tanto semejante ha ocurrido con Italia. ¿Por qué hacen tal petición en su carta? En teoría, esta reducción de los salarios y de la protección social se exige para aumentar la competitividad de la economía española y salir así de la recesión. Este es el argumento neoliberal hoy en boga. Es fácil de demostrar que este argumento carece de credibilidad. Suecia es el país con salarios más elevados y con mayor protección social, y su tasa de crecimiento económico es de un 5,6%, uno de los más elevados de la Unión Europea. La explicación real es que, por una parte, el descenso de los salarios aumenta el endeudamiento de la población (lo cual es bueno para la banca) y, por otra, la privatización de las transferencias y de los servicios del Estado del bienestar son la generalización de la deseada privatización de las pensiones públicas y la privatización de la sanidad, el sueño de la banca y de las compañías aseguradoras. Y lo están consiguiendo.


Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
(08/XII/2011 - Público)

dimecres, 27 de juliol del 2011

Juliano a los obispos

"Nadie -dije- será perseguido por mí a causa de su fe. -Hubo un relajamiento general de la tensión. Pero aún se mostraban cautelosos-. Por supuesto, me gustaría convenceros de que estoy en lo justo. Pero puesto que la verdad es tan clara como el sol, si ya no la veis, simplemente no la veréis. Pero no puedo permitiros que perjudiquéis a los demás, como lo habéis hecho durante tantos años. No catalogaré los delitos que habéis cometido, o permitido. Los asesinatos, los latrocinios, los vicios más propios de bestias salvajes que de sacerdotes, inclusive aquellos de fe equivocada. Aquí están vuestros últimos delitos. -Mostré un grueso fajo de documentos-. Peticiones de asesinato y peticiones de propiedad... ¡Oh, cómo amáis las riquezas de este mundo! Sin embargo, vuestra religión predica que no debéis responder a los ataques, o ir ante la ley o incluso tener propiedades, ¡mucho menos robarlas! Se os ha enseñado a no considerar nada como propio, salvo vuestro lugar en otro mundo mejor. Sin embargo, usáis joyas, vestís ricas túnicas, construís grandes basílicas, todo en este mundo, no en el futuro. Se os ha dicho que cuando recibáis un daño no os venguéis, que es un error devolver mal por mal. Sin embargo, lucháis entre vosotros como la chusma, torturando y matando a quienes os critican. No sólo habéis puesto en peligro la verdadera religión, sino también la seguridad del estado cuyo primer magistrado soy yo, por voluntad del cielo. No sois merecedores ni siquiera del Nazareno. Si no podéis vivir de acuerdo con los preceptos que estáis dispuestos a defender con el cuchillo y el veneno (alusión al envenenamiento de Arrio por Atanasio), ¿qué sois sino hipócritas?"

Juliano el Apóstata, Gore Vidal

dijous, 9 de juny del 2011

Juan Cotino, nou president de Les Corts



Biblia, crucifix, Constitución i Estatut. Bravo.

Coraje

"No es un problema menor que después de 35 años de democracia el cadáver del dictador Franco siga en su panteón faraónico de Cuelgamuros bajo una cruz de 150 metros de altura, cuya sombra tenaz se proyecta sobre el corazón del Estado. Se trata de un cadáver de granito, que se está pudriendo a su vez en el inconsciente colectivo de los españoles. El presidente Zapatero, hoy brutalmente vilapendiado por la oposición, aunque no más de lo que, en su momento, lo fueron Adolfo Suárez y Felipe González, ha renunciado a presentarse a las próximas elecciones generales, pero en los meses que le quedan de gobierno puede tomar todavía unas medidas audaces si quiere pasar con honor a la historia. Como esos jugadores de póquer que al filo de la madrugada, envidan su resto a la desesperada sin ver las cartas, el presidente Zapatero, antes de despedirse de La Moncloa, podría realizar aún dos magníficas jugadas: una, sacar urgentemente los despojos de Franco y de José Antonio de sus tumbas, entregarlos a sus familiares, sanear políticamente el Valle de los Caídos y convertirlo en un museo o parque temático; dos: equiparse de nuevo con aquel arrojo con que mandó que regresaran a casa las tropas de Irak y utilizar la misma entereza para denunciar oficialmente los acuerdos del Estado con la Santa Sede y reducir a la nada sus inmerecidos y abusivos privilegios en España. Si además de legislar sobre el matrimonio de los homosexuales, la muerte digna y la ley de dependencia, perdiera el miedo a los banqueros y encima la ETA tuviera la gentileza de disolverse formalmente bajo su mandato, el presidente Zapatero sería recordado en el futuro, no como el gobernante dubitativo e inexperto de los cinco millones de parados, sino como el político progresista que le plantó cara a los últimos demonio familiares de la España carcamal. Aplastado por una crisis económica que, sin duda, en los próximos años doblará tambien las espaldas del futuro presidente, Rajoy o Rubalcaba, queda a merced del encarnecido Zapatero el ser considerado por dos hechos simbólicos: como aquel que le quitó la sábana al fantasma de Franco y el que tuvo el coraje de bajarle los humos, no solo de incienso, al Vaticano. De una vez por todas."

Manuel Vicent, 5 de junio de 2011

divendres, 3 de juny del 2011

Merkel a Zapatero: "Tranqui, cuando os intervengamos, ya os metemos los pepinos en la factura".